Sala de prensa

 

Unas Fiestas Para el Aguacero

 

Por: Cenedith Herrera Atehortúa

Historiador, Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín

 

“Cielo roto lo llaman, que allí truena

y llueve día y noche (grato frío)”.

Ciro Mendía, Salud Caldas mío (1972)

 

Es el año 1986...

 

En Caldas, Antioquia, municipio antioqueño al sur del Valle de Aburrá un grupo de amigos de las artes, liderados por la Casa de la Cultura piensa cuál sería el mejor elemento que identificaría al municipio y para ello toma como ejemplos a otras fiestas populares del país: el Carnaval del diablo en Riosucio; el Festival Vallenato en el Cesar, las Fiestas de la papa en la Unión, Antioquia, el Carnaval de blancos y negros de Pasto, el Festival del Mono Núñez en Ginebra y el Festival de teatro de Manizales, fueron estudiados en detalle. Todos ellas tenían en común una fuerte participación de las comunidades, a partir de elementos propios de cada localidad, que exaltaban su sentido de pertenencia.

 

El elemento elegido para Caldas fue la lluvia. Llueve a cántaros en este municipio, a lo largo de todo el año pero con mayor fuerza en el mes de octubre, época que fue elegida para la nueva celebración. Mediante Acuerdo No. 41 de 11 de diciembre de 1987, se instituyó la nueva celebración, poniendo especial énfasis en que “El objeto de las presentes jornadas festivas será el de promover el espíritu cívico cultural de nuestro Municipio ante propios y visitantes. Exaltando todos los valores que en todas las áreas del arte y la cultura se han destacado a través de nuestra historia y del presente” (Artículo 2). Así mismo, se facultó de manera especial al Alcalde para que las reglamentara y nombrara el comité organizador  —integrado por diez personas— que contaría con representación de la Casa de la Cultura, el Club Rotario de Caldas, el Concejo Municipal, el sector privado y educativo, la Asociación de Comerciantes, el Hospital Regional y otras entidades o personas que se destacaran por su trabajo cívico o cultural (Artículo 3).

 

Comentaba así las fiestas de 1990 un artículo titulado “Entre cuñas y porros. Una noche en la Fiestas del Aguacero”, publicado en El Colombiano:

 

Existían todos los elementos para que la comunidad habitante y vecina, menor y mayor de edad, asistiera en forma masiva a las IV Fiestas del Aguacero, una serie de eventos culturales y deportivos que se desarrollan en el mes más lluvioso del año, en el municipio aparentemente más llovido del Valle de Aburrá.

 

Pero se llegó el viernes, el día del evento más popular de la cuarta versión: el tablado en el parque Olaya Herrera, allá donde está la locería y el kiosco. Todo estaba listo desde las ocho de la noche cuando la gente, en barras de uno o diez, empezó a llegar. Mamá y papá por un lado, al ladito las sardinas que se están volviendo grandes. Por ahí dando vueltas Javier y John con los amigos y pidiendo plata para comprar refajo.

 

Así mezclados empezaron a llegar los unos y los otros. Los de cachetes colorados, innegablemente caldeños (tomen nota del gentilicio), los ediles, sus asesores, los funcionarios, los exfuncionarios, los tenderos, los cigarrilleros, los exalcaldes, los estudiantes eternos, los eternos universitarios, las secretarias de toda la vida, en fin. Llegaron hasta el perro y el gato.

 

Nosotros no pudimos quedarnos hasta el final de esa fiesta tan propia, tan original, tan del pueblo, como las Fiestas del Aguacero, porque se nos iba el último colectivo y de pronto nos colgaban en el parque (Medellín, lunes 29 de octubre de 1990, Sección 12A).

 

La celebración se hace con el concurso de la comunidad urbana y rural, para lo que se organizan actividades que reflejan la localidad y su manera de hacer y vivir la cultura. Concursos de comparsas y paraguas; conciertos musicales con grupos y solistas caldeños e invitados de otras regiones antioqueñas y del país; se premian el Festival de Mejores Lectores Infantiles y Juveniles, lo mismo que el Premio Latinoamericano de Poesía por Concurso Ciro Mendía, este último como homenaje al poeta Ciro Mendía, nacido en el municipio en 1892. Encuentros de poesía y literatura, en los que participan escritores locales y escritores del Valle de Aburrá; cada rincón del municipio se convierte en un posible escenario para celebrar la cultura alrededor de la lluvia.

 

Las Fiestas del Aguacero son la impronta que lleva a que en el país y en la región se identifique al municipio de Caldas con la lluvia y a que el nombre de Cielo roto no sea extraño para nadie; fiestas que junto con la celebración de los Juegos Recreativos Tradicionales de la Calle, hablan bien de la identidad local en donde la lluvia y el juego están presentes en la historia reciente de los caldeños.

 

Es el año 2017…

 

Llueve, justo al momento de escribir estas líneas…“(grato frío)”… Caldas se prepara para la celebración de la versión XXIX de sus fiestas.